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sábado, 31 de octubre de 2015

El kirchnerismo como gobierno del miedo

El kirchnerismo como gobierno del miedo
La experiencia traumática de 2001, el silencio y la auto-censura


La historia del pueblo argentino está organizada en torno a experiencias traumáticas. Los núcleos traumáticos más recientes de nuestra historia son: la dictadura, el genocidio de estado, la desaparición de personas, la hiperinflación, el corralito y la crisis de 2001. Ningún argentino quiere volver a vivir estas experiencias traumáticas y nefastas.

El miedo a estas experiencias marca nuestra historia como pueblo y nuestra memoria colectiva. Hay una verdad que hoy nadie se atreve cuestionar: Néstor y Cristina, y más generalmente el kirchnerismo, han salvado a la Argentina de su experiencia reciente más traumática: el neoliberalismo y la crisis de 2001.

Tenemos que tener el coraje de poner en duda las verdades más evidentes. Néstor y Cristina no nos salvaron del 2001. Nos gobiernan con el miedo permanente de volver a él. El kirchnerismo no nos ofrece un proyecto de futuro, simplemente nos dicen que el presente es mejor que el 2001.

El kirchnerismo es una forma de gobernar al pueblo de la nación argentina basada en el miedo a retornar a la experiencia traumática del neoliberalismo y la crisis de 2001. El kirchnerismo se propone a sí mismo como un gobierno en el cual todos sus actos, sus discursos y sus políticas nos alejan del 2001. Cualquier crítica y oposición al kirchnerismo implica el miedo de retornar al trauma del pasado. El kirchnerismo se presenta a sí mismo como la única garantía para no volver al 2001. Esto se ha hecho absolutamente explícito y visible ante el escenario del ballotage en donde una nueva dicotomía se ha instalado: “kirchnerismo o neoliberalismo”.

El mayor problema de la Argentina actual de cara al ballotage no es la discusión del contenido de las políticas del kirchnerismo (que pueden ser buenas, malas o regulares, según el caso). Lo más importante es atrevernos a pensar y reflexionar al kirchnerismo como tecnología de gobierno de nuestras mentes, de nuestra subjetividad, de nuestro pensamiento a partir del miedo. Todo el edificio político del kirchnerismo está basado en el miedo a la experiencia traumática de 2001.

El kirchnerismo nos enseñó a tener miedo de un modo muy sutil e invisible pero terriblemente eficiente: jamás dice abiertamente “tengan miedo”, nunca te obliga explícitamente a callar, nunca sugiere ni te invita a guardar silencio. No impone la censura, te conduce de modo sutil e imperceptible a que te auto-censures. El gobierno del miedo kirchnersita opera a través de la auto-censura: cada uno elige callar y se dice a sí mismo: “de esto mejor no hablo”, “mejor no critico abiertamente al gobierno”, “mejor no hablo de política con mis amigos kirchneristas porque no nos vamos a entender”.

El gobierno del miedo del kirchnerismo opera de modo opuesto al miedo en la dictadura militar. En la dictadura el miedo era tangible y visible: el falcón verde, el ejército en la calle, los desaparecidos, la violencia armada, la guerra, los secuestros. La muerte como posibilidad real de la vida cotidiana. Un miedo explícito que todos podíamos ver, oler, percibir y sentir.

En el kirchnerismo el miedo es invisible, una experiencia de cada uno que no es necesario nombrar ni compartir con lo demás. El miedo se hace visible por el miedo a decir “yo tengo miedo”. La auto-censura es una forma de auto-gobernarnos a través del silencio. Elegir callar es el modo en que kirchnerismo tiene de gobernarnos con el miedo: se expresa como el miedo a hablar, a criticar, a disentir con el gobierno. Durante la última década los argentinos aprendimos a callar cuando pensamos distinto. Aprendimos a guardar silencio en el trabajo, en la universidad, en la escuela, en la familia, entre los amigos. Se impuso el lema: “mejor de esto no hablamos”. En este sentido el kirchnerismo es muy similar a la dictadura: ambos gobiernan con el miedo.

A partir del escenario del ballotage el miedo pudo ser personificado y corporizado. Los kirchneristas postulan: “Macri es Menem”, “Macri es el neoliberalismo”, “Macri va a conducir a la Argentina a la década de 1990”, “Macri va a producir un nuevo 2001”, “Cambiemos es la Alianza”, “Cambiemos va a fracasar”. Macri es el retorno de lo siniestro: el núcleo de la experiencia traumática colectiva.

Macri es la personificación de un fantasma: el fantasma del menemismo. El kirchnerismo está gobernando a la Argentina con un fantasma. Analogía perfecta de la película de terror del presente de nuestra Argentina de la cual el kirchnerismo invita a todos los ciudadanos a ser sus protagonistas pasivos. Los fantasmas no existen. El kirchnerismo nos gobierna con el miedo a un fantasma.

Observen con atención la campaña publicitaria del kirchnerismo para la segunda vuelta: está íntegramente basada en el miedo, en el miedo a Macri, en el miedo a 1990, en el miedo al neoliberalismo, en el miedo al fantasma del menemismo. Cuando tenemos miedo, no somos libres porque somos gobernados por el temor, la angustia y los traumas del pasado.

El gobierno del miedo y la campaña del miedo del kirchnerismo se expresa de dos formas: una directa que hace referencia al miedo explícito, una indirecta que plantea un miedo implícito que te invita a cuidar lo que ganamos en esta década. El slogan de la campaña dice: “En vez de cambiemos, cuidemos”. Cuidar es la forma positiva de expresar el miedo a la pérdida suscitada por el trauma de los ’90 y de 2001: “cuidá tu patria, cuídate vos, cuidá tu casa, cuidá a tu familia, cuidá el modelo, cuidá tu jubilación, cuidá los subsidios, cuidá lo conquistado”.

Parte de la campaña combina el miedo implícito y explícito. La publicidad kirchnerista dice así:
“Cuidá tu jubilación. Macri viene con la gente que ya te la sacó.
Cuidá tu soberanía. Macri quiere dólares a cualquier precio: el precio es tu patria.
Cuida tu sueño de familia. Macri votó en contra de que puedas acceder a la fertilización asistida.
Cuida tus derechos. Macri votó en contra del matrimonio igualitario y de la ley de identidad de género.
Cuidá tu justicia. Macri viene con la gente que defiende las apropiaciones de bebés de la dictadura.
Cuidá tu cena. Macri viene con la gente que te vació la olla.
Cuidá tu privacidad. Macri pincha teléfonos para saber en qué andás.
Cuidá los Arsat. Macri los considera un gasto”


Ciudadanos argentinos no tengamos miedo a los fantasmas! No tengamos miedo al miedo con que el kirchnerismo quiere gobernarnos! El fantasma del menemismo es un espectro, está más muerto que el fantasma del Maracanazo del ‘50. Ciudadanos, tengamos el coraje de no tener miedo. Cuando perdemos el miedo somos capaces de atravesar la fantasía del miedo que nos ofrece el kirchnerismo. Al atravesarla lo que descubrimos es que lo que está presente es un núcleo traumático de nuestra historia: la crisis de 2001. Ahora que lo sabemos, podemos ejercer la crítica libremente, podemos defendernos mejor para no volver a las experiencias del pasado, podemos ser plenamente libres en nuestro modo de pensar sin tener miedo a callar.

El mejor modo de combatir al neoliberalismo es perdiéndole el miedo.
Cuando nos animamos a hablar sin medio, comenzamos a ser libres.
Cuando perdemos el miedo tenemos la posibilidad de imaginar y construir el futuro que deseamos en base a nuestros sueños y no en base a las experiencias traumáticas del pasado.

Cambiemos miedo por esperanza. Cambiemos miedo por futuro. Cambiemos miedo por posibilidad de criticar y pensar por nosotros mismos sin temer a lo que nos digan los demás.

Yo elijo no tener miedo, por esto escribo esta carta y la firmo con mi nombre.

Te pido que no tengas miedo de compartir esta carta, compartirla con tus amigos, familiares y colegas. No tengas miedo a hablar, no elijas el silencio. Pensemos. Dialoguemos. Soñemos.

Conciudadanos de Argentina, los invito a no tener miedo. Si perdemos el miedo podemos ser libres y construir juntos el futuro que deseamos.

Derrotemos al miedo. Tengamos coraje. Cambiemos.



Dr. Leonardo G. Rodríguez Zoya
Politólogo – Universidad de Buenos Aires
Investigador del CONICET
@leonardorzoya
29/10/2015



PS: Te invito a compartir el documento con amigos, familiares y colegas como una contribución a la reflexión colectiva para regenerar la fraternidad ciudadana, la reflexión crítica y pensar la complejidad de nuestro futuro. Construir juntos una ética de la fraternidad y estimular un pensamiento complejo es condición de posibilidad para construir un proyecto de futuro para la Argentina.

Podes encontrar más apuntes para pensar el presente y construir el futuro sin olvidar el pasado aquí: http://argentina2100.blogspot.com.ar/


viernes, 30 de octubre de 2015

Cambiar nuestro pensamiento para construir el futuro

Cambiar nuestro pensamiento para construir el futuro
Cartografía del pensamiento kirchnerista. La geometría fractal de la política.


¿Cómo piensan los kirchneristas? ¿Cuál es la estructura que gobierna su modo de razonar y pensar? ¿Cómo intentar construir un diálogo con los amigos kirchneristas? Intentemos pensar estas preguntas con ayuda de la geometría.

En la escuela nos enseñaron las figuras geométricas: el cuadrado, el círculo, el triángulo, etc. Esta es la geometría clásica o euclidiana. En la Naturaleza no hay ni cuadrados, ni círculos, ni triángulos. La Naturaleza es irregular, tiene pliegues, dobleces, formas rebuscadas que no encajan en las figuras geométricas que conocemos. Para poder describir la complejidad de las formas de la Naturaleza hubo que inventar una nueva geometría: la geometría fractal, creada por el matemático francés de origen polaco Benoît Mandelbrot.

¿Por qué los fractales pueden ayudarnos a pensar el presente y el futuro de la política y de Argentina? La analogía podría plantearse en estos términos: necesitamos fractalizar nuestro pensamiento para intentar pensar la complejidad de nuestra realidad más allá de dicotomías simplificadoras. ¿Qué quiere decir esto? Intentemos reflexionarlo.

El pensamiento kirchnerista razona a través de figuras geométricas simples: ve cuadrados, círculos y triángulos en donde hay pliegues, mesetas, irregularidades. Para continuar con la metáfora visual podemos pensar al pensamiento kirchnerista como un “tablero de ajedrez”. Cómo un tablero solamente, no como un “juego de ajedrez”, con todas sus piezas, sus reglas, su enorme complejidad y su magnífica incertidumbre.

El pensamiento kirchnerista nos propone pensar la realidad como un conjunto de cuadrados negros y blancos, no hay otra alternativa. No hay colores, ni siquiera grises. Cada evento, cada suceso de nuestro pasado, de nuestro presente y de nuestro futuro tiene que ser clasificado en uno y tan sólo en un “casillero”. Este modo de pensar supone todo un lenguaje, un vocabulario, con un conjunto de conceptos kirchneristas para ordenar la realidad. Este diccionario kirchnerista se construye siempre a partir de dicotomías polares e irreconciliables: el campo/el pueblo; los buitres/la patria; kirchnerismo/neoliberalismo; los medios hegemónicos/los medios al servicio del pueblo; partido judicial/democratización de la justicia. El lector bienintencionado podrá leer los diarios y escuchar el discurso para armar la Wikipedia del lenguaje kirchnerista. No es tan difícil, su estructura es bien simple: una cadena de dicotomías, una colección de cuadrados blancos y negros.

No son sólo dicotomías las que construye el kirchnerismo para gobernar a la Argentina. Implica también una ética, una moral, una forma de valorar cada uno de los términos. El polo defendido por el kirchnerismo expresa siempre la verdad y lo mejor para el pueblo, el otro es la encarnación del demonio y la opresión de la nación. Por esta razón, el kirchnerismo no puede ser criticado: mucho menos por los propios kirchneristas, porque hacerlo es cuestionar la verdad que ordena nuestra vida y toda crítica es un paso más hacia el infierno.

Nuestro pensamiento y nuestra vida están atrapados en la cárcel del lenguaje que el kirchnerismo ha esculpido con maestría y empeño. Las dicotomías gobiernan nuestro pensamiento y nuestro corazón; nuestro presente y nuestro futuro. No hay forma de salir. No hay una alternativa para escapar a las dicotomías: cualquier tercera vía ha sido excluida como posibilidad. ¿Cómo liberarnos de esta situación estéril y traumática? ¿Cómo aprender a pensar de otro modo?

Todo ejercicio de crítica lúcida al kirchnerismo implica fractalizar nuestro pensamiento, comenzar a ver pliegues donde había cuadrados, detectar irregularidades y dobleces donde sólo parecía haber triángulos y círculos, comenzar a ver colores dónde sólo existían el blanco y el negro. Se trata de asumir el desafío de pensar de otro modo para imaginar alternativas que no habíamos contemplado ni imaginado. Fractalizar nuestro pensamiento es abrirnos a la complejidad de la vida, de la democracia, de los conflictos: es la libertad de pensar el porvenir más allá de la dicotomía “el presente kirchnerista o el neoliberalismo menemista”.

Una geometría fractal de la política nos ayuda a poner en cuestión las dicotomías que el kirchnerismo nos propone como grilla de inteligibilidad de la realidad. Cuestionar las dicotomías que estructuran el pensamiento kirchnerista no implica negar el conflicto y las contradicciones que atraviesan a nuestra sociedad. Las contradicciones existen y son bien reales (la pobreza, el modelo de acumulación, la distribución del ingreso, etc.). Implica un enorme desafío democrático: implica abandonar el pensamiento kirchnerista y sus dicotomías como modo de resolver los conflictos y enfrentar las contradicciones de la sociedad.

Hay que salvar al kirchnerismo de sí mismo, invitándolo a deskirchnerisar su modo de pensar y fractalizar su pensamiento, es decir, invitándolo a la auto-reflexión y la auto-crítica, al diálogo y la comunión. Abandonar el kirchnerismo como modo de pensar no significa renunciar a la dimensión popular de la política que el kirchnerismo ha rescatado. Significa asumir la lucha por la libertad, la igualdad y la fraternidad en un plano de mayor libertad, igualdad y fraternidad.

Que el kirchnerismo nos proponga ver la realidad como un tablero de ajedrez, pobremente simplificado y tristemente bicolor, no quiere decir que Néstor y los colegas de Carta Abierta no supieran jugar al ajedrez. Allí está la astucia del político que Maquiavelo le aconsejaba al Príncipe: ofrecernos un tablero sin piezas con las que jugar. O, mejor aún, un tablero y un juego con unas reglas simplificadas y empobrecidas. En el kirchnerismo la vida es un juego de ajedrez donde sólo la reina blanca puede guiar a los peones de su color a la verdadera libertad. Los peones negros son los ciudadanos que todavía no han comprendido la verdad que la reina blanca predica; la reina y el rey negro, los alfiles, torres y caballos son “las corporaciones funcionales a la derecha”. Las piezas negras son siempre el polo negativo de la dicotomía que va a conducir a la nación a la opresión y la servidumbre.

El kirchnerismo es un artista que sólo tiene un color para pintar: el negro frente al lienzo blanco. El kirchnerismo pinta una vida pública empobrecida, una democracia simplificada y un pensamiento maniqueo. En este juego triste y brutal las piezas negras son los adversarios a derrotar, los enemigos a vencer. La victoria sólo existe como anulación del otro. Por eso el kirchnerismo es incapaz de reflexionar un resultado electoral adverso y pensarse como oposición inteligente.

Avancemos una última reflexión cromática. Analicemos los logos del “Frente para la Victoria” y de “Cambiemos”. El kirchnerismo nos ofrece un logo bicolor: celeste y blanco como la patria. Parece representarnos a todos, a la nación y al pueblo: he allí la grandeza de su épica, la importancia de su gesta y la claridad de su prédica. Sin embargo, su pensamiento es bicolor y su sinfonía monocorde. Su logo impreso en blanco y negro expresa mejor su identidad y su modo de pensamiento. Cambiemos ofrece en su logo la frescura y polifonía de una pluralidad de colores: una sinfonía de varios instrumentos.

Encarna una promesa y una esperanza de fractalización del pensamiento político: la posibilidad de emplear la palabra, el diálogo y el pensamiento para discrepar sobre las formas agrietadas, las irregularidades, contradicciones y conflictos de la vida social, política y económica de Argentina, sin renunciar a la comprensión, la tolerancia y la fraternidad. Lograr enfrentar y resolver los conflictos no será sólo responsabilidad de Cambiemos. La Argentina necesitamos una dirigencia política, una oposición, una ciudadanía que aprenda tocar música para componer juntos la partitura de la democracia. El kirchnerismo tiene que aprender a tocar en una banda de jazz y adaptarse al juego respetuoso de los instrumentos. El kirchnerismo como solista desafinado forma parte del pasado.  

El futuro no está escrito. Cambiemos no puede interpretar jamás la quinta sinfonía del menemismo. La partitura se escribe a medida que la música suena. Nosotros, los ciudadanos, somos un artista más. Cambiemos es la promesa de una esperanza en la que todos podamos ser músicos y compositores de la sinfonía de nuestra historia. Asumamos el desafío.

Concluyamos diciendo, los fractales son un intento de pensar la complejidad de la Naturaleza, la cual no se deja atrapar en figuras geométricas simples. Fractalicemos nuestro pensamiento para apropiarnos del futuro a través del pensamiento y de la palabra.

El kirchnerismo no nos ha enseñado a pensar, ni a dialogar, ni a escuchar, ni a tolerar ni a comprender. Ahora compete a los ciudadanos de nuestra patria tener el coraje para servirnos de nuestro propio pensamiento para aprender a pensar. Ahora es responsabilidad del pueblo argentino, poner las piezas en el tablero de ajedrez y aprender a jugar todos juntos. Será una partida titánica e interminable donde nunca habrá jaque mate, donde no habrá vencedores ni vencidos. Será un diálogo incansable e infinito. Una aventura incierta hacia el provenir. Es la oportunidad de construir la partitura de nuestra historia.



Dr. Leonardo G. Rodríguez Zoya
Politólogo – Universidad de Buenos Aires
Investigador del CONICET
@leonardorzoya
29/10/2015




PS: Te invito a compartir el documento con amigos, familiares y colegas como una contribución a la reflexión colectiva para regenerar la fraternidad ciudadana, la reflexión crítica y pensar la complejidad de nuestro futuro. Construir juntos una ética de la fraternidad y estimular un pensamiento complejo es condición de posibilidad para construir un proyecto de futuro para la Argentina.

Podes encontrar más apuntes para pensar el presente y construir el futuro sin olvidar el pasado aquí: http://argentina2100.blogspot.com.ar/